lunes, 4 de mayo de 2015

QUE EMANA TU SER?

Algo para reflexionar

Tu energía, ¿que emana? Hay cosas que no sabemos que sabemos. La energía que emanamos y que percibimos de los demás es una de ellas. Con seguridad, te habrás dado cuenta de que, al estar con ellas, hay algunas personas que nos llenan de energía, de gusto por la vida, de "buena vibra", como solemos decir. Y hay otras que nos la quitan como aspiradoras en unos cuantos minutos y nos dejan agotados, incómodos o pesimistas. Asimismo, ¿te ha pasado que la energía de alguien es tan fuerte que con su sola presencia provoca que, para bien o para mal, cambie la química del grupo? Durante los dos años de la primera temporada del programa de televisión que realizamos, tuve sentadas en el mismo sillón frente a mí a diferentes personas. Es curioso cómo, a través de la repetición de la situación, me fui haciendo cada vez más sensible a la energía que cada entrevistado o entrevistada emanaba. Estoy segura de que esto mismo le sucede a cualquier comunicador, doctor, abogado o practicante de cualquier profesión cuya tarea conlleve estar en contacto o entrevistar con frecuencia a las personas. En la vida diaria, sin percatarnos conscientemente de ello, cada vez que entablamos una conversación con alguien, conocido o desconocido, se forma entre los dos una especie de entidad que nuestra intuición reconoce como hostil u hospitalaria. Es decir, en las relaciones personales, uno más uno suman tres. Un 'algo' en el ambiente Observa cómo desde el sostener un simple diálogo con alguien que nos atiende en un restaurante o un amigo que saludamos a la pasada, hasta una relación con nuestra pareja, se forma con la interacción y el trato un "algo" que flota en el ambiente. Ese "algo" se construye y se percibe a nivel energético, es una sensación que invita o rechaza. Cada detalle, cada palabra, cada gesto o silencio contribuyen a que se sienta de una u otra manera. Hay ocasiones en las que podemos sentir cualquiera de las dos energías incluso antes de decir "mucho gusto". Sin embargo, al momento siguiente las palabras se apoderan de la relación y, con ellas, vienen los papeles que jugamos. A la energía se le interpone el juicio y la razón, por lo que hacemos a un lado la intuición. Cuando en el arte decimos: "Algo en mi interior se mueve al ver, leer o escuchar una obra", hablamos de esa energía que el artista logra transmitirnos al conectarse con su interior a través de la narrativa, la pintura, la escultura, la música o la actuación. Dicha energía permanece a través de siglos, cruza fronteras y culturas. Es precisamente por eso que alguien merece ser llamado "artista". En esto, tanto los bebés como los perros (perdón por la comparación) son grandes sabios. Ellos no entienden de palabras ni del puesto ni del título, y menos de la cuenta bancaria de alguien. Ellos perciben a las personas exclusivamente por su energía y, por instinto, reaccionan de acuerdo con ella. Así, suelen acertar de manera muy precisa sobre quién es honesto en su intento por ganárselos y quién lleva a cabo una mera actuación. Es por eso que, como respuesta, aceptan irse o no con quien les pide los brazos, le sonríen o le fruncen el ceño. También el perro le ladra a quien rechaza. Es así que, sin importar qué digamos, qué hagamos o qué cara le demos al mundo, nuestro campo energético, producto de nuestro estado mental y emocional, informa la realidad de quienes somos a la persona atenta. El reto que tenemos es hacernos conscientes de quién es en verdad el otro, a través de estar conectados y presentes durante la interacción. Y tu energía, ¿qué emana? "En la vida diaria, sin percatarnos conscientemente de ello, cada vez que entablamos una conversación con alguien, conocido o desconocido, se forma entre los dos una especie de entidad que nuestra intuición reconoce como hostil u hospitalaria".
Publicado por Gaby Vargas 31/01/2010

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